Sucede en ocasiones, cuando la luz dispara sobre tus ojos aparentemente alegres pero en el fondo opacos; cuando dejás entreabierta la persiana en tu interior y sale al aire esa melancolía triste que me hace un poco responsable.
Ocurre en situaciones donde tu sonrisa es la más clara entre la gente, en el medio del día gris o de la tormenta amarga que huye después de haber pasado.
Y yo siempre sin saber que hacer…
Revisando la historia, por un lado, estoy orgulloso de esto que supimos guardar. ¿No será ese el secreto del encanto?
Sé por tu propia boca que lo que más te motiva a olvidarte de mí es la propia necesidad, esa que no sabemos como cortar de lleno, como suplir.
Hay algo que nos ata pero no voy a perder la vida en buscarlo, como si todavía a esta altura necesitáramos de un verso melancólico para tener en cuenta porqué pasa lo que pasa.
Sucede, te decía, cuando veo tu incondicional cariño, a lo largo de los años, una y otra vez; ya aún cuando realmente te olvides de mí, voy a seguir con tu aura sobre la cabeza porque yo siempre voy a estar pensando que me querés.
Y vos deberías pensar lo mismo de mí, cuando me ves de frente y a los ojos, como cuando eso sucede.