sábado, 25 de julio de 2009

Vuelta a casa


Son las 7 de la mañana.
Un tipo por la radio se queja de las medidas del gobierno en un tono patético, con un tango de fondo. Escupe un discurso opositor como si leyera un poema. Se creerá original, yo pienso que es un idiota.
No se si tiene mucha conciencia de lo que repite, pero sigo pensando que es un idiota, aun si lo fuera inconscientemente.
Yo recién abro la puerta, me olvidé la radio encendida toda la noche y suena caprichosa como si aunque la apagara no dejara de sonar.
Ni lo intento, la dejo vibrar, aún cuando siga convencido de que el tipo que despotrica desde ese parlante sea un lunático enfermo más perdido de lo que estoy yo ahora.
Yo por lo menos me puedo ir a dormir, él estará allí hasta no se que hora con su incoherencia, desparramándola a los oídos de gente como yo que se olvidó, en un descuido, la radio encendida y vuelve de la noche larga, que no quieren oír su opinión política a las 7 de la mañana cuando están totalmente fuera de sí, sin entender apenas sus vidas, borrachos, drogados, sin mucho sentido, como nos deja la noche.
El tipo sigue leyendo con su voz estúpida y un tango de fondo.
Así me doy cuenta que no estoy tan mal sentado en la medianera esperando que salga el sol, aunque se me cierren los ojos y el cansancio agobie, aunque sueñe cosas que no voy a hacer nunca y siga mirando a la nada en la pared del vecino, pensando en que nadie en el barrio podría entender que hago acá sentado de cara al viento, sin saber a ciencia cierta que es lo que estoy esperando.