lunes, 30 de marzo de 2009

Minuto a Minuto


La trama era realmente fantástica, no podía fallar. Por eso me apresuré a escribir mi novela antes de que las ideas vuelen hacia otro sitio donde ya no pueda atraparlas y perder así mi gran historia.
Encendí mi computadora en la penumbra del anochecer y allí quedé inmóvil, perplejo, escribiendo en el teclado sin respiro alguno.
De tanto en cuanto atinaba a fumar el tabaco negro que se extinguía casi con la misma ansiedad que las horas que veían pasar mi insomnio.
El tiempo devoraba el aire irrespirable y la maquina acumulaba letras y frases, comas y puntos y armaban aquella fábula que me llevaría al estrellato, la gran novela, el reconocimiento, la fama.
Pero dio la maldita casualidad, la fatalidad.
Un minuto de la hora que viajaba por la mitad del reloj comenzó a enroscarse en el número 6, rompió el cristal, zigzagueó por la mesa de luz esquivando el celular y unos adornos, trepó al escritorio y bajó abruptamente sobre el teclado.
Lo miré incrédulo.
Como un vegetal enmarañado comenzó a entrelazarme los dedos hasta tomarme la mano y comenzó a jalar veloz y raudo, apurado por el minuto que llegaba detrás suyo que venía pidiendo pista de entrada.
Una ráfaga me hundió hacia el reloj.

Hace meses que mi familia me busca. La novela quedó inconclusa y un corte de luz inoportuno apagó la computadora una mañana y la carga se perdió para siempre.
Mi vida aquí es un tanto monótona.
Hoy se me ocurrió poner la aguja de la alarma a las tres de la mañana. A lo mejor mamá se despierta sobresaltada, mira la hora y me encuentra de una vez por todas.

3 comentarios:

Ava Gardner dijo...

Ahora me dieron ganas de vivir adentro de un reloj y romperle las pelotas a la gente.
Aunque sé que para romper las pelotas no necesito vivir adentro de un relos. (relos, así bien Les Luthiers)

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Eduardo Castillo Páez dijo...

Muy bueno Seba, muy bueno.
Tal vez todos estamos encerrados en un gran reloj, siendo víctimas y prisioneros de nuestros propios tiempos.

Me gustó mucho.

Saludos y estamos en contacto.