martes, 5 de mayo de 2009

Noches sin luna





Lejos del pueblo, en una colina de pasturas verdes y de todo planicie; donde apenas una veintena de pequeños árboles asomaban del suelo, donde nadie jamás querría ir porque nada interesante ofrecía aquel paisaje, allí, totalmente abstraído de los bullicios del poblado, vivía el hombre.
El hombre, así a secas porque no se le conocía nombre ni descendencia, voz ni modales, costumbre o religiones, absolutamente ningún dato sobre el extraño.
Será por eso que nadie se le acercaba jamás pero no por temor, era simplemente una pérdida de tiempo pues la colina estaba alejada y no existía la curiosidad de conocerlo en la mente de ninguno de los habitantes.
No se lo consideraba bueno o malo, justo o injusto, loco o cuerdo, de hecho no se lo tenía en consideración y con el paso del tiempo pocos daban cuenta de su existencia.
Pero todo esto poco importaba en el corazón cerrado del hombre.
Vivía de sus cultivos y de su ganado de cabras, tenía hermosos perales y durazneros que lo abastecían de buena fruta, por lo cual el alimento no le ocupaba preocupación alguna.
La razón principal, su amor y obsesión, aquello que hacía mojar sus pupilas y acelerarle el pulso, era la luna. La luna, en cualesquiera de sus expresiones: llena, cuarto o medio menguante, como sea él la admiraba con locura.
Cada noche salía con su silla blanca, se sentaba y en medio del desierto enorme, miraba la luna.
Tenía la ferviente convicción de que ella era su guía y amiga y por ello le conversaba sobre los vaivenes de su solitaria vida.
Así la luna escuchaba de sus alegrías y tristezas, rabias, frustraciones y dudas y de ves en cuando alguna plegaría inútil, dignas de un verdadero loco.
A las nueve de la noche salía a hablarle y a las doce en punto se retiraba a descansar, satisfecho de su cometido.
Solamente perdía la paz en los días nublados y de lluvia ya que la luna no aparecía.
Entonces el hombre lloraba y sufría en su cama por el calvario que le significaba la falta de su compañera nocturna; la noche se le hacía eterna y pasaba sus horas bebiendo licor, emborrachándose y maldiciendo su desgracia a los cuatro vientos hasta que al fin caía molido y amanecía en mala salud cuando daba el alba.
.Una mañana de resplandor, el hombre se dirigía a realizar sus tareas con el ganado. Salió por la puerta lateral de la casa y caminó al corral de las cabras, donde recogería leche fresca.
Al ingresar pudo advertir un pequeño cabrito blanco y muy simpático que le causó una risa enternecedora pero que desdibujó fácilmente al advertir que el animal no era suyo, ya que la cría de la cabra joven estaba unos metros más adentrado en el corral y estaba seguro de no conocer éste ejemplar.
En aquel instante una voz muy suave se oyó a sus espaldas mas el hombre no sintió otra cosa que el espanto pues nadie acostumbraba a hablarle, menos aún a visitarlo y en menor medida a pisarle el corral de animales.
Preso de pánico pero convencido también por una profunda curiosidad, el hombre giró sobre si mismo y pudo ver frente a él a una agraciada dama.
- Usted disculpe vecino, pero mi cabrito escapó de mi corral y tanto fue lo que corrió que me vi obligada a seguirlo hasta aquí.
La mujer tomó el animal y se esfumó tan rápido como había llegado.
Llevaba al cabrito y también la hermosa sensación de haberse enamorado a primera vista del hombre aquel. Tan profundo lo sintió que comenzó a espiarlo todos los días a lo lejos y sin que él lo notara pues no sabía cual sería su reacción.
El hombre en tanto le contaba a la luna cada noche que estaba atónito por la mujer y conforme pasaban los meses no podía olvidarla.
No admitía estar enamorado pues no conocía el amor ni siquiera sabía querer a una persona pero intuía sentimientos en su alma siempre cerrada como de que algo en su vida iría a cambiar.
Con el correr del tiempo, el mutuo amor comenzaba a crecer paralelamente entre el hombre y la mujer.
Ella en el poblado contaba a sus amistades de como ese hombre de ojos pardos y cabello oscuro le había ocupado la razón y el alma; mientras que allá, donde se pierde el horizonte y las pasturas reinan, el hombre monologaba a la luna sobre la dama del pueblo y las nuevas sensaciones que le causaba.
Sin embargo ninguno de los dos tenía el valor de acercarse al otro para concretar todo lo que sus mentes soñaban. Temían el rechazo o peor aún la indiferencia y eso los frustraba y amargaba, debiéndose consolar entonces con el cada vez más vago recuerdo del primer y único encuentro.
Pero una noche de lluvias constante la mujer tomó fuerzas y cruzó la planicie verde para declarar su amor a aquella persona con la que quería pasar el resto de su vida.
Mientras caminaba y los pelos castaños se empapaban, sus pies se hundían en el barro y el viento le soplaba la cara blanca, imaginaba que tan fuerte sensación causaría en ambos verse las caras después de tanto tiempo. Suspiraba de los nervios y pensaba que le depararía el futuro.
Cuando al fin llegó y entró en la morada, como un fantasma se le volaron los sueños a la mujer y toda felicidad se vio perdida para siempre.
El cuerpo del hombre ahorcado, colgado inerte y pálido en forma vertical de un tirante del techo, una carta en la mano que hablaba de desesperación y amor por una mujer.
En el piso sólo la botella de licor rota. La noche lluviosa no había dejado que la luna brillara.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

ay que triste..

malory

Anónimo dijo...

Tan cerca y tan lejos... o quizas al otro lado del mundo?

Ava Gardner dijo...

ay, Seba, creí que sería tipo "Los Puentes de Madison"... onda, que se quedan toda la vida preguntándose: y si...? Pero resultó ser mucho más triste, joder.

¿Cómo estás vos? La semana pasada fue una mierda, pero no importa... en cuanto pueda (y puedas) te paso a visitar. ¿Tu recuperación, bien?

Tremendo alegrón el viernes (y el sábado, por los 3 pibes que le hicieron a Vélez)

Anónimo dijo...

que tristeza, por favor!!! suerte que después apareció ese perro violeta que anda por tu barrio, rarito y malhumorado resultó, eh??
Besos, mami

Anturayén dijo...

Seba...
tienes algo especial en tus líneas.

Hace tiempo que no pasaba por aquí.
Voy a enlazarte para leerte seguido seguido =)

Un abrazo!